Cada vez más alumnos suelen preguntarme por consejos o secuencias para practicar en casa. Practicar en casa supone un reto para la voluntad y el compromiso de ir hacia tu esterilla pase lo que pase ese día. También es un trabajo importante de introspección, ¿cuántas excusas inventa nuestra mente para no practicar ese día?. Pararte a escuchar y observar tus pensamientos limitantes y excusas para no practicar, ¡ya es una fantástica práctica de meditación!. Quizás es una buena idea empezar por ahí, pero además, quiero compartir contigo en este artículo algunos consejos que he aprendido escuchando a mis alumnos y tratando de guiarlos hacia la consecución de una autopráctica.

Antes de nada, quiero recordar que, aunque es fantástica la práctica personal y es la tendencia natural, es recomendable asistir a clase una o dos veces a la semana. Practicando en casa aprendes a moverte a tu propio ritmo, escuchar, investigar, explorar y responder a tu cuerpo. Asistir a clase con un profesor cualificado es necesario para que te guíe en la profundidad espiritual y filosófica de la práctica, que te muestre posibles modificaciones, te ayude a avanzar en la práctica física con ajustes, o meditativa con diferentes técnicas y entrega hacia las enseñanzas de un profesor, entre otras.

  • Cuando hablo de autopráctica, no me refiero solamente a la práctica física de asanas, también incluyo meditación, contemplación, pranayama, lectura de las escrituras sagradas. No siempre el cuerpo está con suficiente energía para realizar una práctica de la misma intensidad, a veces tenemos que ser flexibles y si un día no sentimos que estamos para una práctica de asanas dinámica, quizás podamos simplemente hacer una terapéutica o dedicar tiempo a meditar o a estudiar el Baghavad Gita, ¡es igual de importante!. Y esto sucederá seguro, somo cíclicos, hay momentos en los que nuestra energía está en pico y hay momentos en los que nos sentimos más introspectivos. Es importante tomarnos unos minutos para notar cómo nos sentimos y decidir qué hacemos hoy. Y esos 5 minutos, ¡es una fantástica meditación de autoescucha!
  • El Ayurveda, que es la antigua medicina de la India y va de la mano del Yoga, nos indica que existen tres tipos de constituciones: vatta, pitta y kapha. Cada una de estas constituciones tiene necesidades diferentes para mantenerse en equilibrio. Conocer nuestro dosha (o constitución, no solo física, sino también mental) nos ayudará a crear una secuencia de práctica con la que nos sintamos cómodos y nos cueste menos arrancar. Algunas personas se sienten más cómodas con el alineamiento de Iyengar, otras con el dinamismo de Ashtanga y otras con la suavidad del Yin Yoga. Si lo tuyo es el Yin, evidentemente te costará muchísimo desplegar tu esterilla para hacer una práctica dinámica, a veces nos imponemos cosas que no nos vienen bien por ignorancia.
  • Una vez hemos definido estos factores tan importantes, reúnete con tu profesor o un profesor cualificado en una clase privada y cuéntale que deseas iniciarte en la auto práctica, explícale qué necesitas basándote en la información anterior, en el tiempo que decidas que vas a dedicar cada día (una hora, hora y media) y trabajad juntos al menos: una secuencia de asanas dinámicas y otra restaurativa, una meditación y algunas rutinas de pranayama. También puedes preguntarle por libros recomendados para leer los días que descanses.
  • Una vez que tienes tu mapa de práctica, es momento de que pienses cuál es el mejor momento en tu organización diaria para introducir la práctica, y si llevas agenda, ¡apúntalo en la agenda!. Igual que no anulas una cita con tu amigo, con tu peluquero o con tu jefe, no anules la cita diaria que tienes contigo mismo, tú eres tu mejor elección, el resto de planes puedes disponerlo en otro momento, no te des plantón.
  • Crea un espacio adecuado en casa o donde vayas a practicar. Trata de que no tengas que mover demasiadas cosas, muebles o que haya alguien de la familia ocupando ese lugar de la casa. Crea un pequeño espacio de Yoga, un espacio en casa para ti, donde tengas tu esterilla, tu cojín de meditación, quizás alguna vela, incienso, fotografía de tus maestros o linaje. Ese rincón es tu lugar y recordatorio de que siempre hay un espacio en tu vida listo para la práctica.

Con estos consejos podrás iniciarte en una autopráctica consistente y personalizada. De vez en cuando puedes quedar con tu profesor y repasar la secuencia y las técnicas de meditación y pranayama para asegurarte de que estás practicando correctamente.

A medida que vayas manteniendo esta práctica diaria, te irá costando menos dar el primer paso. Al principio es voluntad, después será devoción. Buen viaje.

Escrito por:

Patricia Sanagu

Profesora certificada de Anusara Yoga y AcroYoga

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